sábado, 18 de octubre de 2008

Los tormentos de ana y mía

Comienzo a escribir y, al iniciar sesión del msn, a causa de que se tilda mi máquina el primer nombre que aparece es el de la persona a quien dedicaré estas palabras...

Soy atea, para mi no hay dioses ni diosas. Mujeres y hombres no son súbditos. La humanidad crea seres superiores porque no toleran su superioridad. Toda persona es autodestructiva. Nadie se odia más que uno. El placer de la venganza hacia uno mismo es semejante al placer de una victoria. Somos terroristas de lo propio.

Dejando de lado la tarea de sociología ingresé al blog de una persona que siento que su suceptibilidad ha llegado a límites insospechados. Desde niña ha luchado a capa y espada con la muertes. Ambas sabemos lo que es tenerla enfrente. No nos da miedo. Ella lo sabe mucho mejor que yo.
Sin embargo, al correr de los años que la conozco su cuerpo fue invadido por un fantasma al cual siempre aborrecí. Él es ruidoso, atolondrado, insatisfecho, intranquilo. Lastima todo lo que encuentra como engulle todo lo que ve. Es la angustia hecha parásito.
Esta mujer hace un tiempo era un cadáver. No vivía, respiraba para contemplar su temprana muerte, esa contra quien tanto luchó, ganó y ahora le da la revancha. Va perdiendo, la está dejando ganar.
A razón de un mes le comenzó a dar pelea, eso creí. Yo, quien incapáz de juzgarla le intenté brindar mi ayuda sólo la lastimé más. Mi persona posee un fantasma tranquilo, controlable y ella, todo lo contrario.
No la vi por unos días, temí. Siempre tuve la sensación de que teníamos una relación muy cálida. Confiamos mutuamente. Mentimos mutuamente. Nos insertamos en el mundo al cual aborrecemos.
La volví a ver. El fantasma estaba dormido, latente. Creí que ella había comenzado a darle pelea. Era una tregua. Montó una escena de soberanía cuando estaba firmando su acta de dominación.
Su envase ya no es cadavérico. La mejoría de la muerte. Salud es igual a gordura. Odia la salud, odia la gordura. Ama los extremos. Es dulzura y es veneno. Es una personita cuya labor por los otros puede ser lo más eficáz y desinteresada que exista en la tierra. Pero no se respeta. Se explota. Es esclava de aquél fantasma que, ante la soledad y el ruido que alertaba a invasores, invitó a otro, sumiso, a que se albergue en aquél envase.
Hoy posee dos fantasmas. Su envase es una bomba atómica. Me da pánico pensar así, pero se que si intento estirar mi mano será en vano. La suerte está lista para jugarnos una mala pasada. Cualquier intento de vida por parte de la gente que la rodea será un pasaje más próximo a su muerte.
Es verdadera impotencia la que siento.
Maldigo la hora en que nos sentamos a leer unas páginas sentenciadoras. Somos tres influenciadas por un mercado oscuro que quiere destruir las cabezas que se están formando para dar a luz seres dominables, alterados.
Yo y Turmel poseemos un fantasma similar. Asusta pero es dósil, se adapta a lo que nosotras necesitamos en tiempo y forma. La tercera en discordia está en otra doimensión, su envase ya no es palpable. Es una figura que se pasea con nosotras pero no está con nosotras. Está envuelta en días grises noches eternas. Llueven sus lágrimas a escondidas simulando felicidad ante la mirada ajena. Sé lo que le pasa, restos del fantasma recorren tus venas y un hilo de sangre derramada causalmente nos pide auxilio, nos pide que nos alejemos.
Ya no es suficiente dejarse correr por tuberías mezclando semisólidos de cantidades ingeridas. Ahora no debe haber bocado, ingresó el otro fantasma. Y para mezcla mortal apareció en voz el dolor vestido de rojo.
Estas cerca de perder la batalla. Juro que me siento culpable de no haber escuchado tus súplicas en el tiempo en que las pedías. Ahora no tenes fuerzas para luchar por vos. Te fuiste. Durará tu envase un tiempo indeperminado pero tu ser está perdido. No podemos mostrarte el camino, también lo tenemos borroso, pero sabemos sonde estamos paradas. Vos volás, viajas de la mano con una mujer oscura que te muestra el lado más profundo de la vida, su culminación.
No me resigno a pensar en que vas a perder la guerra, no. Sos una de las mejores guerrilleras que conoci, no serás inmortal y, el día en que las sombras no distingan la luz tu diosa no te hará inmortal. La inmortalidad la conseguimos conviviendo con ellas, no sometiéndonos.
La inteligencia extrema puede causar reveses en la vida. Poseés una capacidad inusual. Sos bella y exitosa tanto como autodestructiva.
Volvé, la lucha no la gana uno sólo, lo sabés.
La salud no es enfermedad ni es gordura. Ya estamos enfermas sólo que, como ambas dominamos nuestros otros problemas, podemos hacerlo con estos.


Deseo que se eliminen los huesos para flotar en el aire y sentir la liviandad. La comida no es veneno pero es tormento. Debo comer porque debo vivir. Deseo vivir porque a veces no existen otros pensamientos que no se relacionen con la muerte. Esa oscura imagen no me va a llevar ahora y no dejaré que se lleve a mis compañeras de ruta. Si hay guerra iré al frente, si hay muerte no respetaré códigos...

estos son los tormentos de ana y mía

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me impresionan tus palabras...tu capapcidad de hacerte entender sin que te entiendan. Es verdad, si hay guerra no hay codigos, porque el limite entre lo comun y la enfermedad es muy delgado.
Un beso amor.

L.M - dijo...

Me dejas anonadada! Ojala alguien escribira algo asi por mi, ojala esas personas que decis que me quieren se preocuparan asi por mi. Graacias por tu firma y por tu entrada, creemeque la publicaste en el momento adecuado, a mi me ayudo.