domingo, 16 de agosto de 2009

Sin rumbo

La noche estaba cerrada esperando acaparar a las almas sombrías. Apareció una, no se sabe que andaba aconteciendo detrás de lo que suponía vivo, ella sentía q la angustia se apoderaba de su ser.
Entre espejos rotos que desfiguraban su rostro ella solo pensaba en como decir lo q no se anima a crear.
No amaba a nadie pero jugaba con sentimientos ajenos. Quizá cansada de que jueguen con los propios, o tal vez sea ella quien se divertía, utilizándose.
Pieles en contacto no producían más que rechazo. Sin embargo, al irse, su corazón palpitaba por un recuerdo subjetivo. En la realidad, no sentía, hacía, se engañaba.
En medio de una duda existencial, quizá la que cambie el rumbo de su perturbada intimidad, ella vive.
Entendió que debe probar cosas nuevas que la hagan sentir que existe. Existencia, palabra compleja como los pensamientos de esa niña.
Tal vez es tiempo de decisiones. Debe dejar de maniobrar cuerpos ajenos solo para definir cuestiones que hace tiempo sabe.
Por qué no soportará q no siente? Siguiendo con un juego pasado: quien sabe...

viernes, 7 de agosto de 2009

buscando inspiración

Deletrea acertijos que escapan a su perturbada conciencia. Aquella que sin vueltas penetra en el vivir de la obscuridad moribunda.
Ella sueña con paisajes de fantásticos atardecerres. Para qué? quien sabe, solo sirve para no servir.
Melancolía define su angustia. De qué? quien sabe. Ella sólo espera algo que nunca vendrá. Tal vez su apenado corazón, decide ya despertarse. No.
Camina, respira, se fatiga y vuelve a comenzar. Delante de un nño que pide auxilio, ve el reflejo de su ser.
Ha entrado en una etapa de laberintos despejados, cielos eternos, noches cerradas.
Fantasmas rodean su cuerpo, tintas de veneno recubren su piel. Qué piel? Quien sabe.
No ha buscado compañía en brazos mentirosos. Tan sólo piensa en que al despertar ya estará sola. Entonces, decide no buscarlo. Le teme? Quién sabe...
Y él vuelve, la toca, la invita a continuar su juego. Danzando en el tunel de la muerte, la niña no manda, ejecuta.
Él llega. La enamora para dejarla, para someterla, para lastimarla. Sabio dolor, grato sufrimiento.
Él se va. La noche se cierra, el cielo llora acompañando las lágrimas ficticias de la niña.
Él regresa. Sonríe a su fiel compañera, la toma de la mano y la derrama al placer.
Ella viste de liviandad en un cuarto teñido de pena.
Aparece su eterna conciencia, la invita a vivir, sentir. Se desvanece su fiel compañero, aquél que la cuida mientras piensa en soledad.
Un sueño de sacrificio ahoga su cuerpo.
Ella, sentada dentro de sí, lo espera. Vedrá? quien sabe...