Palabras. Delete. Palabras.
Dificil comenzar luego de días, noches, soles y lunas de deceso escrito.
Aquella persona que deleitaba letras combinadas hoy procesa una llanura creativa.
Frente a una pantalla nueva para sus torpe visión, ella presa de confusas emociones, decide realzar la virtual tinta.
Inspirada por un rollo de celuloide retocado, recuerda una vaga historia de amor.
Finalizado el año anterior al último pasado, la muchacha había asumido que lo expresado en narraciones previas, había caducado. Se había convertido en un falso recuerdo de un presunto amor tácito.
El irritante sol bronceo su piel curtida, espejo fiel de recuerdos de infancia entre árboles.
El tiempo corrió y de esa arboleda querida se dehojaron inmesidad de pequeñas partículas de vida. Había comenzado el otoño.
La rutina la alejó de sus pasiones ocultas.
Llegó ese frío penetrante que reduce los cuerpos. Las personas no son más que vestiduras móviles. Los rostros no se aprecian tras esos disfraces invernales.
Pasaron helados días, dando lugar a un clima menos hostil.
Y en el momento menos pensado, aquello que para la muchacha era pasado, fue presente.
Desde aquél hito, las noches donde el néctar de las flores parece iluminar los rostros mundanos, fueron testigos de una historia particular. Nunca se supo que fue en realidad.
Tuvo un comienzo o el inicio de unos largos puntos suspensivos
Final? Quien sabe...
Esa extraña toxina llamada amor puede ser confundida con sucesivas representaciones de pasiones controladas, desbordadas, conocidas o prófugas.
Pero aquello que hace que uno sueñe con un otro sin tiempo ni espacio, esa imagen abstracta, la niña, mujer o femenino, la conoció de la mano de un viejo amigo de la infancia.
He aquí el comienzo de un relato con un desenlace inconcluso aún.
Nuestra conocida descubre en un recuerdo masculino, de edad semejante, una extraña atracción. Ambos, flechados por el arte, la ideología y las experiencias personales, detienen sus vidas para transcurrir diez días de intenso romance.
Estas palabras suenan vulgares para los pensamientos de esa joven que se creía una triste abeja en el reino de los seres bióticos.
La realidad demuestra que lo que parecía imposible había nacido dentro de ella. Cada día el sentimiento era más profundo. Cada hora trascurría para ser detenida por un cálido beso. Labios entrelazados eran amantes de sí mismos.
Pero el final parcial no encierra la belleza de días pasados...
Una multitud de gente pasa con destinos distintos. hay dos seres quietos. Son ellos. Entre esos cuerpos móviles ubicados en un lugar de paso, ellos están mirándose. Es el final de un capítulo. Temible es aquél pues puede convertirse en el suspiro final de esta historia de verano.
Voces murmuran que historias como estas son las que no se olvidan, porque son las que intensamente fueron vividas para no tener un dilatado final.
Y la gente sigue pasando... Ellos permanecen quietos. Nuevamente sus labios son amantes. El beso final. La última caricia. La presión en el pecho. Aquél último dedo que se desliza por la mano de un otro...
Ambos tuercen sus cuerpos direccionandose hacia caminos opuestos.
Los días y noches continúan.
Los virtual se hace único testigo del resabio de amor vivido. El contacto es lejano como la distancia.
El cielo es el único paisaje compartido.
La luna es aquél punto donde sus ojos se miran espejados.
Ambas historias aún conservan signos de interrogación en los pensamientos de la niña.
Será que la felicidad se rige por intensas jornadas de noches cómplices?
...Nunca compartirá más de dos noches bajo el mismo manto azul...
lunes, 14 de febrero de 2011
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