martes, 29 de septiembre de 2009

Despertar de primavera

El nectar de las flores produce un extraño cosquilleo en los seres mortales. Algunos lo relacionan con enfermedades psicofísicas, otros dicen que son producto de un extraño hechizo que envuelve a los corrientes en una sustancia tóxica llamada amor...
Un río de sangre vistió su piel...
Lo conoció cuando las hojas se caían moribundas. Un holgado cuerpo revestido se le presenta. Al principio ella se mantiene distante, no lo considera parte del hechizo. Al poco tiempo sus voces se entrelazan, para ser parte de una conexión especial.
El tiempo sigue y esas hojas muertas yasen como fósiles producto de la lluvia (ahogadas lágrimas).
No completo una hoja en blanco sin contemplar el cambio rotundo de mi simbólica tinta...
Palabras que son eco de miradas inútiles. Escribe para un alguien que nunca leerá. Pues es tan sólo para ella. Es su legado antes de la asfixia, antes de la condena.
Recuerda momentos de presunto cambio, pero reafirma a su eterna compañera.
En una noche de lluvia, donde las manos tijiretean la piel al compás de las gotas, esas almas solitarias se buscan consuelo. Se rompe un estado y comienza el hechizo.
Durante veladas secretas esos seres rudimentarios vagabundean entre sus envases solitarios.
Basta, estas palabras no me pertenecen, hay un intruso dentro de mí... dentro de ella...
El ciclo de la naturaleza invita a la vida, enterrando aquello que se encuentra fétido. Capullos temerosos comienzan a sentar presencia. Si la lógica empataría la vida con el amor, esa existencia es nula con el devenir empírico.
Es esta etapa la que derrama a esa mujer por los hilos oscuros de su compañía eterna.
Como unas líneas han mencionado una vez, sólo los envases estéticamente bellos sirven para la atracción. No es el caso de la niña. Ella sólo es un juguete extravagante para apaciguar pulsiones.
Ella encierra en sí misma un gran deseo de ser normal, de vivir esa extraña toxina que aborrece pero, a veces desea. No. La realidad muestra q sólo las flores enamoran a las abejas, el resto de los reinos las detesta.
Sin más titubeos, la mujer comprende que es hora de aceptar su sendero. De la mano de su fiel compañera continúa su ruta decorada por razones e historias ajenas. Una vez más comprende que el corazón es sólo un músculo importante, lo demás es un cuento para ajenos.
Todavía no compredió de donde salieron estas palabras...