Ahogada en un silencio oscuro mira sigilosamente. Cierra los ojos, su compañía oscura. Abre, se detiene en el silencio, ruidos, sorpresa.
Reflejo detrás de su minúsculo ser, su cabeza apoyada en un hombro. Cuerpo desconocidamente compañero abriga una duda.
Certezas que dan incertibumbres, verdades que duelen. Inodoros testigos de los atropellos sieniestros de un fantasma propio.
Corrompida en lágrimas recobra valor.
Comienza la guerra leal...
Parada delante de un ser ruidoso empuña tambaleante su arma nociva, la conciencia. Aquel ser oscuro cae de rodillas y deja ver detrás de su ser escalofriante, un parásito silencioso.
La princesa se enamora de cuentos falsos contados por el presuntamente derrotado ser oscuro, pero ahora con otros términos.
No entiende, se desentiende.
Despierta, seres palpables la rodean explicándole la vida. Un sentido incorrecto de una etapa biológica.
Latidos fuertes retumban en un pecho conocido y dan paso a otra mirada de las cosas.
Dejando indicios por la vida, lleva elementos cortantes dentro de sus pertenencias. Tentada por derramarse comprende que está perdidamente encontrada.
De nuevo los fantasmas y el miedo se hacen eco de sus planes de fuga.
Intentando salir de los tormentos, mira las cicatrices de guerra y observa que son en vano.
Conoce ahora el mundo y regresa a esta dimensión. Sus sentidos perciben vida y eso la temoriza más que su espasmódico pasado, regresando al presente.
Seres de afecto común intentan ayudarla. Hasta entonces arisca, estira su mano y cambia el rumbo.
Da la espalda a sus parásitos dejando correr lágrimas en su envase tan resquebrajado.
Todavía la historia no cierra ni tiene un bonito final.
Empezaron las luces en las sombras y combatientes en guerra.
No hay fin de la historia, pero entre dedos titubeantes observo en mí la esperanza de comenzar una nueva...
sábado, 8 de noviembre de 2008
jueves, 6 de noviembre de 2008
La jaula de hierro
De cuerpo frágil camina dando vueltas.Sin que le titilen las piernas desciende al piso.Entra en otra dimensión. ¿Claro u oscuro? No hay grises.¿Qué acontece en el ser de la frágil muchacha?, Tal vez algún resabio de una dictadura impuesta en su envase.
En el espacio donde las personas se conectan, ella no habría la boca. Pasaba delante de objetos queriendo ser sumergidos por sus labios y ella resistía.
Desvanecida en lo más bajo de la arquitectura, ella se sentía triunfal. Desde lejos se avecinaban ruidos. Su envase, vencido, triunfal, recorría pasillos con gente de blanco. Sin embargo ella creía estar estática.
Despierta dormida. Se para, se encuentra encerrada. Ante ella gotas que ingiere su cuerpo desde su extremidad izquierda. ¿Qué me pasó? ¿Quién me ataca? El mundo racional.
De musculatura inexistente intenta arrancar los cables que transportan veneno hacia el parásito, su vida, su muerte.
Durante semanas se alimentó de sueños de envases prohibidos. Supo historias de seres perfectos y de sacrificios eternos. A simple tacto saboreaba la oscuridad, la claridad del veneno.
Una persona delante de ella hablandole de vida. Cuadernos de recuperación, cercanos a la muerte.
Su secreto se hizo popular entre sus salidas costillas. Su familia, ahora enemiga, luchaba porque desaparezcan.
Deseos de morir en manos de su amado ser interno.
Atada en una pieza blanca, al despertar, se sentía rendida. Inyecciones de hierro, de muerte. La jaula del parásito le daba libertad. Esa pieza era ahora una jaula, las inyecciones el veneno.
Su garganta se cerraba mientras su envase tomaba color. Vestiduras claras atacaban sus convicciones.
Pareces blancas, pensamientos oscuros.
En tardes grises se avecino el alivio. No era su amado, era el lejano ser. Una fría liviandad recorrió sus venas. Dedos dominados impusaban el brazo hacia un encuentro desconocido. Ese impulso alza su cuerpo sin fuerzas. Recobra vida en manos impalpables.
Llantos abrazan un envase conocido no propio. Deja correr una lágrima. Comienza el misterio...
¿Hasta qué punto controlamos la vida?
En el espacio donde las personas se conectan, ella no habría la boca. Pasaba delante de objetos queriendo ser sumergidos por sus labios y ella resistía.
Desvanecida en lo más bajo de la arquitectura, ella se sentía triunfal. Desde lejos se avecinaban ruidos. Su envase, vencido, triunfal, recorría pasillos con gente de blanco. Sin embargo ella creía estar estática.
Despierta dormida. Se para, se encuentra encerrada. Ante ella gotas que ingiere su cuerpo desde su extremidad izquierda. ¿Qué me pasó? ¿Quién me ataca? El mundo racional.
De musculatura inexistente intenta arrancar los cables que transportan veneno hacia el parásito, su vida, su muerte.
Durante semanas se alimentó de sueños de envases prohibidos. Supo historias de seres perfectos y de sacrificios eternos. A simple tacto saboreaba la oscuridad, la claridad del veneno.
Una persona delante de ella hablandole de vida. Cuadernos de recuperación, cercanos a la muerte.
Su secreto se hizo popular entre sus salidas costillas. Su familia, ahora enemiga, luchaba porque desaparezcan.
Deseos de morir en manos de su amado ser interno.
Atada en una pieza blanca, al despertar, se sentía rendida. Inyecciones de hierro, de muerte. La jaula del parásito le daba libertad. Esa pieza era ahora una jaula, las inyecciones el veneno.
Su garganta se cerraba mientras su envase tomaba color. Vestiduras claras atacaban sus convicciones.
Pareces blancas, pensamientos oscuros.
En tardes grises se avecino el alivio. No era su amado, era el lejano ser. Una fría liviandad recorrió sus venas. Dedos dominados impusaban el brazo hacia un encuentro desconocido. Ese impulso alza su cuerpo sin fuerzas. Recobra vida en manos impalpables.
Llantos abrazan un envase conocido no propio. Deja correr una lágrima. Comienza el misterio...
¿Hasta qué punto controlamos la vida?
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