En un día que no tiene emoción empiezo a concretar lo que vengo pensando hace algunos días. Voy a plasmar en unas cuantas hojas mis dos mundos: en el que yo soy feliz, y en el que vivo. No digo que este último lo viva como una pesadilla, pero no es perfecto.
Cinco años
Época de esplendor. Era una nena preciosa, tranquila y querida por todos. Nunca traje problemas. Tal vez debería ser normal algún día.
No es lo primero que escribo, pero me acordé que esta época es la mejor de mi vida. Es para analizar, empecé escribiendo el quiebre entre mis mundos, mis 9 años.
Volviendo a los cinco. Preescolar, toda una adulta. Ya podía casarme y hacerme cargo de mis hijas, las muñecas. Siempre las tuve tiradas, las odie durante toda mi vida. ¡Como a los hijos! Hacerse cargo de unas cosas pequeñas que lloran y no son productivas. Yo voy a cumplir con mi deber biológico, pero criarlos, mamá.
Matías, mi noviecito, mi primer beso. Seguro que si lo veo hoy en día salgo espantada. Y él de mi ni te cuento.
En esos años, en la escuela se realizaba Blancanieves para fin de año. Todas nos postulamos. Personajes más preciados: Obvio la protagonista y las florcitas. Estas últimas eran patéticas, personajes secundarios, bailaban siempre con una sonrisa. ¿Y la pedagogía? ¿Y la enseñanza? Las plantas no sonríen, ni bailan, ni se mueven. En este mundo terminaré siendo planta.
Si, yo hice de Blancanieves. Yo hacía teatro, bailaba, era linda y encima me gustaba figurar. Además de la más querida por todos. La más querida por nadie…
Fiesta. 30º c y mi traje era el soñado. Danila de conejito, muy tierna pero era un horno su disfraz, encima digamos que, como eran los más chiquitos, eran los extras. ¡Qué distinto sería hoy! Yo con suerte sería la bruja, mi hermana la más bella.
Tengo la filmación. Este año la vi y me causó mucha gracia. Caminaba como lo hago ahora pero con un metro menos.
Estaban mamá, papá y la abuela. Si la vieran a la abue, Susana Giménez ya llegó!!! Es hermosa, siempre lo fue. Es lo ideal para este mundo superficial. Evita pensar, produce dinero y es apetecida por los hombres. Si, es diosa. Nunca llegaré a ser así y ni tampoco me interesa, primero la cabeza, luego lo demás.
Regresemos a la fiesta. Canciones tiernas, coreografías mediocres, un final emotivo y yo protagonizando. Matías hacía de enanito, decadente. Mi príncipe era de 1º grado, casi una perversión tocar su mano. Fue re lindo, éramos hermosos. ¡La gravedad a los años mata!
Se terminaba jardín. Entrega de diplomas. ¡Egresé! ¡Voy a pertenecer al mundo de los grandes! Fui a la bandera, siempre estuve ahí. Es uno de los pocos lugares donde me siento cómoda. Es mi mérito, nadie me lo va a sacar. Quien pelee por ella que se atenga, soy una rival dura de roer. Invicta. Nadie pudo hasta ahora. Sólo tuve un patético empate, fracaso.
Primer grado llegaría en la misma escuela, el RG. Perdón, no la presenté. Una escuelita muy íntima de treinta alumnos como mucho; su espacio geográfico era limitado, pero había huerta, parque, sol, una oveja creo, era hermosa. Pero como todo lo lindo termina…
Nueve años:
Corrían mis nueve años y me sentía Winnie Pooh. Todos mis amigos eran ágiles, altos, con cuerpos perfectos. Y aparecía yo. Un gorro que me lo ponía apenas me levantaba, mis bermudas que me travestían y siempre remeras. Obvio que era verano, creo que el globo de invierno que era no me lo acuerdo. Lo borré, es lo único malo que borré.
Día de reyes.
La noche anterior puse los zapatos. La verdad no sé para qué porque nunca creí en eso tres tipos patéticos que están en las sombras de papá Noel. Nota: Al gordo de navidad recomendarle Abzurdah. "turmel" entendería.
Hacía calor, por ende regalo: malla.
Abrimos los paquetes y comienza una anécdota que entre risas, hoy, me marcó, me marca. Los malditos reyes me trajeron una malla entera de ositos ¿Necesitaban explicitarme más? A mi hermana menor una bikini brasileña.
Yo siempre fui una nena, lo soy. Ahí está, "Muri", la débil para todos, incluso para mí. Soy débil ante mí, yo me miro y me hostigo, solo por no haber nacido en el tiempo ideal.
Resulta que esa malla la use, ¿qué otra cosa podía ponerme?
Ese año, me acuerdo que sufrí un montón en la escuela. Siempre fui maricona. Solía llorar por un nueve. Las mañas a veces las sigo teniendo.
Terminan mis 9 años. Mejor promedio. La preferida de todas las maestras. Orgullo de mamá y papá. Yo, un globo.
Empezó el verano, decidí que iba a ser como "debi", mi hermana. Nunca lo logré.
Dejé de comer pan y nadaba mucho. En tres meses me fui desinflando, pero faltaba. Algo en mi crecía y no era mi cuerpo. Hoy tengo bien en claro que es. No lo quiero soltar, se controlarme. Sé hasta que punto tirar de la soga. En realidad todo eso en mi mundo. En el real, la gente no sabe que soy. Mi familia y amigas (lcm) si, por eso me cuidan. Mi utopía me lleva en medio de esta sociedad hipócrita llena de prejuicios a sitios perjudiciales, mi mente. Soy prejuiciosa conmigo misma. De antemano sé que esto no es más que un futuro documento en la papelera de reciclaje. Aunque no lo sea, es una basura. No sirvo. Quiero gritar, me contengo, respiro, no lloro (sería muy estúpido).
Mis diez años:
Isabel y fabiana, mis maestras. Un año muy lindo, creo. Ahora que pienso no tengo recuerdos de mis diez años. Mi memoria salta a los once. ¿Qué me habrá pasado?
Sólo me acuerdo que encarné una lucha casi sangrienta por el promedio. Era con Daiana, la típica petiza que se la da de inteligente. Pobre, no pudo. Yo la quería, pero la verdad es que hoy en día la veo por la calle y sólo fuimos compañeras. Yo la creí mi amiga pero ella y su grupito, el mío, me atacaban.
Fin de año. Si no me confundo en la fiesta de fin de año hice de campanita. Mi traje era muy hot. Mamá me prostituiste. Estuvo lindo, yo era linda. Mi nariz aún permanecía respingada, creo que tenía pretendientes.
Mis onces años: camino al éxito
Muy chica para entender que era lo que estaba pasando en mi.
A partir de aquí, la comida empieza a se un tema central en mi vida. Empecé a combatir contra ella, y juro que fue en ésta etapa donde fui más fuerte. Tenía un poder de control inimaginado para mi presente. De a poco la comida empezó a quedar en segundo lugar. En primer lugar. La hora de comer era banal, no le encontraba sentido. Me preguntaba por qué comer, qué me aportaba. Si por comer había sido Winnie Pooh, sin comer sería perfecta.
De esa imagen aglobada de los nueve años empecé a palidecer. Mis ojeras comenzaron a notarse al igual que mis costillas recién descubiertas por mí. La gente me preguntaba si estaba enferma y yo, con una sonrisa respondía, no. Era feliz. Pero era idiota, demasiado obvio era todo. Comía dos bocados, literalmente. Mamá y papá, siempre presentes, comenzaron a notar que la nena sonriente estaba teniendo problemas con la comida. Cada vez era más blanca, cada vez tenía menos salud. Sin embargo yo me sentía cada vez más saludable. El monstruo había entrado en mí. Se instaló, es parte de mí ser. No se va. Si parte será conmigo. Somos uno. Ese horripilante ser y yo creamos una relación simbiótica. No creo que sea una diosa, no es un estilo de vida, no es un ideal del sistema. Es monstruo es mi hospedante, y como buena anfitriona, le brindaré el mejor de los servicios.
Retomando mis once años, mi primer contacto con dicho parásito. Como todo primer contacto es exitoso si perdura. De seguro lo fue. Sólo que él debe luchar contra las figuras que crearon a este hospedante, mis padres. Mi cuerpo lo alberga, pero las fuerzas externas lo atacan porque él, casi sin percibirlo, en pos de ayudarme, me lastima. Es un dolor que no duele, pero trae efectos colaterales.
Luego de unos meses donde mi cuerpo se transformó y pasé a ser un alma en pena, mis viejos tomaron cartas en el asunto. Muri está mal, necesita vitaminas…
Continuará…
martes, 30 de septiembre de 2008
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1 comentario:
Escribis lindo, podes hacer una autobiografía jaja. Tan de chiquita y ya empezabas...yo me veía gorda, pero no hacía anda al respecto. Y lo peor es que ahora veo las fotos y me doy cuenta que de chiquita no era gorda...en fin, besos, y quiero la continuación de tu vida jaja
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