martes, 30 de septiembre de 2008

Mi historia

En un día que no tiene emoción empiezo a concretar lo que vengo pensando hace algunos días. Voy a plasmar en unas cuantas hojas mis dos mundos: en el que yo soy feliz, y en el que vivo. No digo que este último lo viva como una pesadilla, pero no es perfecto.

Cinco años
Época de esplendor. Era una nena preciosa, tranquila y querida por todos. Nunca traje problemas. Tal vez debería ser normal algún día.
No es lo primero que escribo, pero me acordé que esta época es la mejor de mi vida. Es para analizar, empecé escribiendo el quiebre entre mis mundos, mis 9 años.
Volviendo a los cinco. Preescolar, toda una adulta. Ya podía casarme y hacerme cargo de mis hijas, las muñecas. Siempre las tuve tiradas, las odie durante toda mi vida. ¡Como a los hijos! Hacerse cargo de unas cosas pequeñas que lloran y no son productivas. Yo voy a cumplir con mi deber biológico, pero criarlos, mamá.
Matías, mi noviecito, mi primer beso. Seguro que si lo veo hoy en día salgo espantada. Y él de mi ni te cuento.
En esos años, en la escuela se realizaba Blancanieves para fin de año. Todas nos postulamos. Personajes más preciados: Obvio la protagonista y las florcitas. Estas últimas eran patéticas, personajes secundarios, bailaban siempre con una sonrisa. ¿Y la pedagogía? ¿Y la enseñanza? Las plantas no sonríen, ni bailan, ni se mueven. En este mundo terminaré siendo planta.
Si, yo hice de Blancanieves. Yo hacía teatro, bailaba, era linda y encima me gustaba figurar. Además de la más querida por todos. La más querida por nadie…
Fiesta. 30º c y mi traje era el soñado. Danila de conejito, muy tierna pero era un horno su disfraz, encima digamos que, como eran los más chiquitos, eran los extras. ¡Qué distinto sería hoy! Yo con suerte sería la bruja, mi hermana la más bella.
Tengo la filmación. Este año la vi y me causó mucha gracia. Caminaba como lo hago ahora pero con un metro menos.
Estaban mamá, papá y la abuela. Si la vieran a la abue, Susana Giménez ya llegó!!! Es hermosa, siempre lo fue. Es lo ideal para este mundo superficial. Evita pensar, produce dinero y es apetecida por los hombres. Si, es diosa. Nunca llegaré a ser así y ni tampoco me interesa, primero la cabeza, luego lo demás.
Regresemos a la fiesta. Canciones tiernas, coreografías mediocres, un final emotivo y yo protagonizando. Matías hacía de enanito, decadente. Mi príncipe era de 1º grado, casi una perversión tocar su mano. Fue re lindo, éramos hermosos. ¡La gravedad a los años mata!
Se terminaba jardín. Entrega de diplomas. ¡Egresé! ¡Voy a pertenecer al mundo de los grandes! Fui a la bandera, siempre estuve ahí. Es uno de los pocos lugares donde me siento cómoda. Es mi mérito, nadie me lo va a sacar. Quien pelee por ella que se atenga, soy una rival dura de roer. Invicta. Nadie pudo hasta ahora. Sólo tuve un patético empate, fracaso.
Primer grado llegaría en la misma escuela, el RG. Perdón, no la presenté. Una escuelita muy íntima de treinta alumnos como mucho; su espacio geográfico era limitado, pero había huerta, parque, sol, una oveja creo, era hermosa. Pero como todo lo lindo termina…


Nueve años:
Corrían mis nueve años y me sentía Winnie Pooh. Todos mis amigos eran ágiles, altos, con cuerpos perfectos. Y aparecía yo. Un gorro que me lo ponía apenas me levantaba, mis bermudas que me travestían y siempre remeras. Obvio que era verano, creo que el globo de invierno que era no me lo acuerdo. Lo borré, es lo único malo que borré.

Día de reyes.

La noche anterior puse los zapatos. La verdad no sé para qué porque nunca creí en eso tres tipos patéticos que están en las sombras de papá Noel. Nota: Al gordo de navidad recomendarle Abzurdah. "turmel" entendería.
Hacía calor, por ende regalo: malla.


Abrimos los paquetes y comienza una anécdota que entre risas, hoy, me marcó, me marca. Los malditos reyes me trajeron una malla entera de ositos ¿Necesitaban explicitarme más? A mi hermana menor una bikini brasileña.
Yo siempre fui una nena, lo soy. Ahí está, "Muri", la débil para todos, incluso para mí. Soy débil ante mí, yo me miro y me hostigo, solo por no haber nacido en el tiempo ideal.
Resulta que esa malla la use, ¿qué otra cosa podía ponerme?
Ese año, me acuerdo que sufrí un montón en la escuela. Siempre fui maricona. Solía llorar por un nueve. Las mañas a veces las sigo teniendo.
Terminan mis 9 años. Mejor promedio. La preferida de todas las maestras. Orgullo de mamá y papá. Yo, un globo.
Empezó el verano, decidí que iba a ser como "debi", mi hermana. Nunca lo logré.
Dejé de comer pan y nadaba mucho. En tres meses me fui desinflando, pero faltaba. Algo en mi crecía y no era mi cuerpo. Hoy tengo bien en claro que es. No lo quiero soltar, se controlarme. Sé hasta que punto tirar de la soga. En realidad todo eso en mi mundo. En el real, la gente no sabe que soy. Mi familia y amigas (lcm) si, por eso me cuidan. Mi utopía me lleva en medio de esta sociedad hipócrita llena de prejuicios a sitios perjudiciales, mi mente. Soy prejuiciosa conmigo misma. De antemano sé que esto no es más que un futuro documento en la papelera de reciclaje. Aunque no lo sea, es una basura. No sirvo. Quiero gritar, me contengo, respiro, no lloro (sería muy estúpido).

Mis diez años:
Isabel y fabiana, mis maestras. Un año muy lindo, creo. Ahora que pienso no tengo recuerdos de mis diez años. Mi memoria salta a los once. ¿Qué me habrá pasado?
Sólo me acuerdo que encarné una lucha casi sangrienta por el promedio. Era con Daiana, la típica petiza que se la da de inteligente. Pobre, no pudo. Yo la quería, pero la verdad es que hoy en día la veo por la calle y sólo fuimos compañeras. Yo la creí mi amiga pero ella y su grupito, el mío, me atacaban.
Fin de año. Si no me confundo en la fiesta de fin de año hice de campanita. Mi traje era muy hot. Mamá me prostituiste. Estuvo lindo, yo era linda. Mi nariz aún permanecía respingada, creo que tenía pretendientes.

Mis onces años: camino al éxito

Muy chica para entender que era lo que estaba pasando en mi.
A partir de aquí, la comida empieza a se un tema central en mi vida. Empecé a combatir contra ella, y juro que fue en ésta etapa donde fui más fuerte. Tenía un poder de control inimaginado para mi presente. De a poco la comida empezó a quedar en segundo lugar. En primer lugar. La hora de comer era banal, no le encontraba sentido. Me preguntaba por qué comer, qué me aportaba. Si por comer había sido Winnie Pooh, sin comer sería perfecta.
De esa imagen aglobada de los nueve años empecé a palidecer. Mis ojeras comenzaron a notarse al igual que mis costillas recién descubiertas por mí. La gente me preguntaba si estaba enferma y yo, con una sonrisa respondía, no. Era feliz. Pero era idiota, demasiado obvio era todo. Comía dos bocados, literalmente. Mamá y papá, siempre presentes, comenzaron a notar que la nena sonriente estaba teniendo problemas con la comida. Cada vez era más blanca, cada vez tenía menos salud. Sin embargo yo me sentía cada vez más saludable. El monstruo había entrado en mí. Se instaló, es parte de mí ser. No se va. Si parte será conmigo. Somos uno. Ese horripilante ser y yo creamos una relación simbiótica. No creo que sea una diosa, no es un estilo de vida, no es un ideal del sistema. Es monstruo es mi hospedante, y como buena anfitriona, le brindaré el mejor de los servicios.
Retomando mis once años, mi primer contacto con dicho parásito. Como todo primer contacto es exitoso si perdura. De seguro lo fue. Sólo que él debe luchar contra las figuras que crearon a este hospedante, mis padres. Mi cuerpo lo alberga, pero las fuerzas externas lo atacan porque él, casi sin percibirlo, en pos de ayudarme, me lastima. Es un dolor que no duele, pero trae efectos colaterales.
Luego de unos meses donde mi cuerpo se transformó y pasé a ser un alma en pena, mis viejos tomaron cartas en el asunto. Muri está mal, necesita vitaminas…

Continuará…

domingo, 27 de julio de 2008

¿Se puede cambiar el mundo sin violencia?

Hoy en día, estamos sumergidos en un mundo violento, donde reinan los patrones del sexo y la muerte los cuales son utilizados por el poder para mantener a la población “educada” bajo estos, con el fin de evitar los verdaderos problemas.

Ahora bien, ¿Es ésta en la sociedad que queremos vivir, nosotros jóvenes futuros ciudadanos, y nuestras generaciones futuras? Nuestros padres han sido parte de un intento de cambio a partir de la juventud, pero este cambio se quería realizar a partir de la violencia, creyendo que era el único medio para poder revertir la situación y luchar contra el imperialismo yanqui (ya que ellos vivían en un mundo violento); de más está decir que esto no se pudo llevar a cabo, porque la respuesta de EE. UU. fue designar dictaduras en todo Latinoamérica, donde la violencia ejercida por los militares era peor de lo que alguna vez se podría haber imaginado.

Hoy estamos a 2007, el mundo y la sociedad es otra, los ideales son otros (aunque la violencia siga siendo centro del mundo), ¿Cómo puedo pedirle a un chico de 16 años aproximadamente que piense en su futuro, que piense en lo bello de una sociedad un poco más humana, cuando éste se crío junto al capitalismo salvaje y la animalización del hombre? Parecería imposible, pero yo se que hay muchos jóvenes que quieren revertir esto. Los adultos subestiman que más allá de usar una remera del “Che” por moda, allí se esconde un ideal, el cual tarde o temprano levantará la curiosidad de muchos por saber quién fue, qué hizo, etc. Pero, ¿Volveríamos a repetir la historia? Yo por mi parte no, me encantaría llevar adelante una revolución, no liderada por mi, sino acompañándonos mutuamente millones de personas en busca de una sociedad mejor; pero dicha revolución no me interesa hacerla a partir de la violencia, no volvería a los años de las guerrillas porque sería volver, como respuesta a éstas, a los militares. ¿Es utópico pensar en una revolución pacífica en un mundo violento? De seguro, pero en toda utopía se esconde un anhelo de poder concretarla y ahí hay que apuntar porque no hay nada imposible, porque debemos tomar conciencia que el pueblo elige, dejemos de lado la idea de que siempre gobiernan los mismos, porque es, en realidad, el mismo pueblo que elige; desde mi lugar pido un cambio. No obstante ¿Cómo pedirle a alguien que acompañe una revolución si no tiene para darle de comer a sus hijos? ¿Se puede pensar sin pan? Esto es complicado, puesto que la preocupación de aquellas personas con estos problemas están puestos en comer, y esta desesperación es utilizada por los sucesivos gobiernos para acaparar votos, ¡Cuánta vergüenza!

Desde mi humilde lugar, propongo luchar (sin violencia por supuesto), para y por nosotros; yo realmente no deseo traer hijos en un mundo donde se vive en guerra, porque sí, la individualidad, el hombre encima del hombre es una guerra, una guerra de exclusión e inclusión en un sistema que nos excluye a todos porque no nos permite liberarnos, no permite confrontarlo, ¿acaso el capitalismo brinda libertad? ¿Qué es eso de preferir el capitalismo antes que el comunismo porque en el primero somos libres? ¿Somos libres? No, yo me siento atada en un mundo que retrocede, no digo que el comunismo sea la salida, puesto que en los países que se aplicó no tuvo demasiado éxito, en cuanto a la legitimidad popular; pero, dejemos de lado los límites que separan al hombre, seamos uno, por qué mantener una nacionalidad si eso nos separa, me encantaría vivir para poder decir ante la pregunta de dónde sos, responder, soy del mundo, ¡qué hermoso! ¿No? ¡Y si!, luchemos por eso, por ser uno, en donde tal vez no exista la igualdad material, porque entraríamos en el dilema de qué para que voy a ser gerente si puedo ser secretario y para qué voy a ser secretario si por lo mismo puedo ser gerente; esto no, seamos todos gerentes y secretarios, seamos unidad, una fuerza inquebrantable a cuyos adversarios demostremos que no vale la pena lucha por la alienación del hombre, por la ambición; esto no es autoritarismo, esto es solidaridad, la cual no se mide con dinero.

¿Por qué el mundo no evita vivir con dinero? Sin éste no habría ganancias ni pérdidas, no habría hombres sufriendo por no tener, ¿De qué sirve el dinero si con la fuerza y organización humana se puede abastecer al mundo sin necesidad de comprar o vender? Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío; la propiedad privada originó la desigualdad, el egoísmo, la individualidad, el patrón mundial de exclusión e inclusión.

Mostremos al mundo que otro mundo es posible, no es utópico, es real porque parte de la predisposición humana para el cambio, cuántos de nosotros no quiere otro mundo, yo creo que la mayoría, no dejemos el poder a una minoría selecta tan maquiavélica como ambiciosa, señores, la mayoría decide es hora de organizarnos, y ponernos a luchar, basta de impunidad, creo que ya es tiempo que reine la verdadera justicia social; es un proceso largo, que incluso tal vez no veamos sus frutos en vida, pero si esto se proyecta, el legado para las futuras generaciones es un mundo en paz y no, como hoy en día, un mundo en guerra.