Deletrea acertijos que escapan a su perturbada conciencia. Aquella que sin vueltas penetra en el vivir de la obscuridad moribunda.
Ella sueña con paisajes de fantásticos atardecerres. Para qué? quien sabe, solo sirve para no servir.
Melancolía define su angustia. De qué? quien sabe. Ella sólo espera algo que nunca vendrá. Tal vez su apenado corazón, decide ya despertarse. No.
Camina, respira, se fatiga y vuelve a comenzar. Delante de un nño que pide auxilio, ve el reflejo de su ser.
Ha entrado en una etapa de laberintos despejados, cielos eternos, noches cerradas.
Fantasmas rodean su cuerpo, tintas de veneno recubren su piel. Qué piel? Quien sabe.
No ha buscado compañía en brazos mentirosos. Tan sólo piensa en que al despertar ya estará sola. Entonces, decide no buscarlo. Le teme? Quién sabe...
Y él vuelve, la toca, la invita a continuar su juego. Danzando en el tunel de la muerte, la niña no manda, ejecuta.
Él llega. La enamora para dejarla, para someterla, para lastimarla. Sabio dolor, grato sufrimiento.
Él se va. La noche se cierra, el cielo llora acompañando las lágrimas ficticias de la niña.
Él regresa. Sonríe a su fiel compañera, la toma de la mano y la derrama al placer.
Ella viste de liviandad en un cuarto teñido de pena.
Aparece su eterna conciencia, la invita a vivir, sentir. Se desvanece su fiel compañero, aquél que la cuida mientras piensa en soledad.
Un sueño de sacrificio ahoga su cuerpo.
Ella, sentada dentro de sí, lo espera. Vedrá? quien sabe...
viernes, 7 de agosto de 2009
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